viernes, 12 de febrero de 2016

De vuelta a la isla mágica

Con la llegada de un pequeño swell del sur pusimos rumbo de nuevo a la isla mágica.


Esta vez la comitiva estaba formada por puros europeos. Éramos Gon, Marian, Louis, Jesús, Roque, Nacho, Julien, Antoine y yo.



Las olas no fueron las esperadas (había el tamaño justo) pero alguna salía:


Sin pensarlo dos veces, nos pusimos el traje y saltamos al agua:


Siempre es un placer volver a este spot:


Lo que me llamó mucho la atención es que esta vez la cantidad de leones marinos que había en el agua era mucho mayor:


En la primera ola que pillé (la de la foto) le di a un león marino con la quilla. Me quedé totalmente clavado. Creo que le hice mucho daño. Me dio mucha rabia porque no lo pude esquivar pero es que los leones marinos están ahí flotando y como que no se enteran que estás surfeando y que avanzas. No es igual que surfear con delfines, que se enteran de que estás surfeando y es casi imposible darles. Aquí están ahí flotando sin moverse, como viéndote surfear:


Era ir en la ola y pasar decenas de ellos bien cerca:




Esta foto de Louis me parece acojonante:


Después de comer, las olas mejoraron y el número de leones marinos en el agua bajó considerablemente. Era el momento de volver al agua:








¡Qué tales olas! como dirían aquí.


Para seguir con la tradición, al llegar a tierra nos fuimos directos a comer un buen ceviche al pueblo:


Todos estábamos reventados de cansancio porque la verdad es que es un tute. Sales de Lima, conduces 3 horas, duermes, te levantas a las 5 y estas en el mar casi 7 horas y el sol te está pegando en la cara todo el día. Acabas reventado.


Aún por encima, volviendo a Lima, dos tablas salieron volando del techo porque iban mal atadas. Una de ellas desapareció y la otra se consiguió recuperar pero estaba reventada. Esto en una furgoneta. En el otro coche (en el que iba yo) no pasó nada y sus integrantes pudimos quedarnos a surfear en la mítica ola de Cerro Azul, como leeréis en la próxima historia.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Visita express a Huaraz y su Cordillera Blanca

Antes de que llegaran mis hermanos de España, mi tío y yo decidimos hacer un último viaje mano a mano.

Como habíamos estado escuchando hablar a mucha gente sobre Huaraz y su cordillera blanca (la segunda del mundo con más montañas que sobrepasan los seis mil metros de altura, teniendo 16 y siendo superada sólo por el Himalaya) decidimos ir a conocerla en persona y tratar de conquistar alguno de sus picos.


Después de viajar toda la noche en bus desde Lima por fin llegamos a esta ciudad peruana. Allí fuimos directos al hotel a dejar todo. Desayunamos y preparamos el material para iniciar el primer ascenso a las 8 de la mañana. Nuestro objetivo era subir y bajar el nevado Pastouri en el mismo día (su cima alcanza los 5.240 m de altitud sobre el nivel del mar). No iba a ser tarea fácil pero, por suerte, un minibus nos iba a subir hasta casi los 5.000 metros de altura y de ahí nosotros íbamos a tener que caminar un poco más hasta el nevado. Eran casi dos kilómetros de caminata pero es que a esa altura las cosas cuestan el triple hacerlas. Para que vean, tardamos más de una hora en subir y casi otra hora en bajar. Más las 3 horas de ida y de vuelta en bus.

Por el camino, el autobús hizo varias paradas dignas de mención. La primera fue una fuente de agua gasificada. Yo era la segunda que veía, después de la de Cabreiroá que vimos en el mítico tour de hace unos años, cuando estaba esponsorizado:


La segunda fue en una charca de 8 metros de profundidad con una tonalidad de colores clarito espectaculares. Era conocida como el "Ojo de agua de Pumapashimin":


De ahí fuimos a ver los Rodales de puya, unas plantas endémicas que sólo se pueden ver en esta zona porque crecen a alturas superiores a 3.000 metros. Yo nunca había visto una planta igual. Algunas medían hasta 12 metros y tenían más de 100 años. El guía nos explicaba que no hay inflorescencia en el mundo más grande que la suya, ya que produce más de 5000 flores:


Sus hojas espinosas tenían forma de olas, ¡qué casualidad!


Esa fue la última parada que hicimos antes de iniciar la caminata. Después nos abrochamos las botas y empezamos a caminar. Tuvimos que ir parando cada 5 minutos porque nos costaba mucho respirar. A la hora por fin alcanzamos la cumbre de la montaña. Todo estaba cubierto de nieve y por una de sus laderas se deslizaba el glaciar que lleva su nombre (Glaciar Pastouri), que en la actualidad se encuentra en retroceso (por el cambio climático) pero aún era gigante. ¡Yo era el primer glaciar que veía en mi vida!


De ahí volvimos a Huaraz y de ahí al hotel a dormir porque al día siguiente bien temprano nos tocaba ir a visitar la jolla del Parque Nacional Huascarán: la Laguna 69. No se llama así por nada en especial, no vayan a pensar, simplemente es porque antes se les ponía a todas las lagunas de la zona un número (hay un montón) y a esta le tocó ese.


Como iba diciendo, ese día amanecimos bien temprano porque a las 5 de la mañana nos estaba viniendo a buscar al hotel el guía. Después de conducir casi cuatro horas, empezamos a caminar. Esta vez si que teníamos que subir un desnivel de más de mil metros. Tardamos aproximadamente 4 horas en subir y 3 en bajar. Yo fui el primero en llegar a la laguna. Estaba motivadísimo y me encontraba en muy buena forma después de caminar durante todo el mes.


Nunca se me olvidará la primera impresión que tuve cuando llegué a la laguna. Parecía el paraíso: había un glaciar 100 metros más arriba que producía el agua que caía en forma de cascada a esta laguna de color azul turquesa. No me lo podía creer, era tan bonito...
Como venía con mucho calor por caminar tan rápido, decidí pegarme un chapuzón en ella. Era la primera vez que me bañaba a tanta altura (4.600 metros) y en un agua tan fría. Puedo decir alto y claro que el agua estaba congelada jajaja:


Ya bajando, nos encontramos con otro laguna, también de color azul turquesa, y mi Tío y yo nos hicimos esta foto de despedida. Con esto, terminábamos nuestra última aventura en tierras peruanas. ¡Hasta la próxima Tío!

martes, 9 de febrero de 2016

Guille, Marian y Peter de visita en Perú

Con nuestra llegada a la capital limeña, después de estar más de un mes viajando por todo el Perú y Bolivia, empezó el surfing.
Yo les había contado a mis hermanos que las olas se iban a poner buenazas porque esa era la temporada así que ellos poco más pudieron hacer que comprar el billete a Latinoamérica. Así, Pedro, Guille y Marian llegaron al Perú. Los dos primeros vinieron sólo por vicio pero Marian también lo hizo por chamba (trabajo).
El primer fin de semana, Pedro y Marian cuadraron con mi Tío Manolo. Todos juntos nos fuimos a cenar a una taberna peruana:


Cuando mi Tío se fue, llegó Guille y también su primo Yago, así que otra vez nos fuimos a cenar fuera:


A la mañana siguiente, cuando estábamos todos puestos al día pues hacía un montón que nos nos veíamos, los que no teníamos que trabajar nos fuimos dirección norte:


Al llegar a Piura, alquilamos un 4x4 y condujimos un par de horas hasta llegar a nuestro destino:


Nunca había estado en esa zona, era preciosa. Además, pillamos un Hotel en primera linea de playa en el que no estábamos nada mal la verdad:


Todos los días los pasamos surfeando sobre todo una izquierda que salía en todas las mareas, con todos los vientos posibles y en la que estábamos prácticamente solos:










Algún día se acercó una pequeña comitiva de peruanos pero eran todos amigos:


Más al sur había una izquierda a la que solíamos ir por las mañanas porque las series entraban increíbles. Pero siempre nos pasaba lo mismo: entrábamos y las series no venían, salíamos y las series entraban jaja. Mala suerte, tal vez el periodo de 20 segundos nos tenía gafados... la cuestión es que cuando éstas venían soltaban un tubazo:


Un poco más abajo aún había otra izquierda de ensueño. Esta era más larga aún y se iba recogiendo sobre ella misma, tenía cierto parecido a la mítica ola de Namibia. Lo malo es que las olas grandes se hacían de nuevo de rogar y mientras tanto la corriente no te dejaba tranquilo... Aún así ¡vaya fondo! espero volver para catarla con más swell:


A los pocos días, cuando bajó el tamaño, Guille se volvió a Lima y Pedro y yo nos quedamos un día más en el norte, el cual decidimos pasar en esta ola, aunque los locales no nos dejasen una...


La cuestión es que volvimos muy contentos a la capital, por las olas que cogimos y sobre todo por las risas que nos echamos. Me gustó mucho estar con estas dos personas tanto tiempo. Desde aquí les doy las gracias por venir a verme y por brindarme su amistad.


Ya en Lima, Marian, Cefe y el resto de la crew nos estaban esperando para bajar a Punta Hermosa, donde las olas de Punta Rocas y las copas del Dragón también nos esperaban.
¡Qué tales días pasamos! 









Antes de que se fueran Guille y Peter, nuestro amigo Jose Berrocal nos llevó a una de las olas que más me han gustado de la zona de Lima y que nunca había tenido el placer de surfear:


Ese mismo día por la noche hicimos la barbacoa de despedida y cerramos con más que buen broche estos maravilloso 15 días llenos de aventuras, surfing y risas:


¡Pura vida amig@s!